lunes, 15 de diciembre de 2014

Memento Mori

Memento Mori, de César Pérez Gellida


Esta reseña de Memento Mori, de César Pérez Gellida, no es como las demás. En una reseña, una habla del género, del argumento, de los personajes... pero yo no voy a hablar de todo eso. No voy a disertar sobre el género, porque Memento Mori, a pesar de ser negra como la noche, huele "a matinal de Domingo, a hierba recién cortada, a vainilla y tierra húmeda", como huele Valladolid en los días de primavera.


No voy a hablar del argumento, de esos asesinatos porque, después de todo, "los pocos que a estas alturas de la mañana no se habían enterado del caso mojaban la noticia en el primer café aprovechando la barra libre de hipótesis recién horneadas, dulces conjeturas crujientes y elucubraciones recubiertas de mermelada", aunque cuando leí esta frase me dieron ganas de aplaudir por el manejo magistral del lenguaje. 
Ni tampoco de los personajes: un trío de ases. Ramiro Sancho, tan español. Armando Lopategui, tan escurridizo como una anguila. Augusto Ledesma, tan psicópata el jodido. 
Porque Memento Mori es especial. Pero no por su argumento, ni por sus personajes, que también. Es especial porque es una novela en la que el entorno –mi amado Valladolid– es un personaje más, que se adorna con referencias a la pintura, a la poesía, al cine y a la literatura, pero sobre todo, a la gastronomía. Entre otros muchos:

  • El Zero Café, de la Calle San Blas, "el único sitio donde ponían buena música en todo Valladolid" y donde el Gin Tonic de Hendrick's se prepara como le gusta a Augusto: "Copa de balón, hasta arriba de hielo, poco cargada, sin fruta dentro ni limón exprimido. La tónica, vertida despacio y sin remover los hielos". 


Zero Café

  • El Lagar de Venancio, en la calle Traductores, un restaurante donde comer almejas, pulpo y carne roja, y bañarlo con sidra natural. 


El lagar de Venancio

  • El Café Molinero, en la calle María de Molina, que me vio desayunar los domingos –legañosa y desmejorada– muchas veces. 


Café Molinero

  • El Vino Tinto, de la calle Campanas, mi restaurante favorito de la ciudad. No podía faltar. 


El vino tinto

  • O la Parrilla de San Lorenzo,  con ese aire de perderte en la época medieval que tiene. 


La parrilla de San Lorenzo


La novela deja un regusto a carne y a verduras a la parrilla, a gin tonics bien servidos (por supuesto, de Hendrick's) y a vino. Los personajes, como buenos hijos de la Ribera del Duero, no se emborrachan con cubatas. Lo hacen con Pesquera, Matarromera, Dehesa de los Canónigos, Arzuaga, Finca Resalso o con el inigualable Malleolus. 

En resumen, las novelas de Pérez Gellida son para leer y releer, para descubrir mil y un detalles aparte (como sus cameos, que me encantan), para masticar y para perderse en ellas. Gracias, César. 


Memento Mori puede ser adquirida aquí.
Estos son el blog y la cuenta de twitter de su autor. 
Memento Mori es un libro de cinco tenedores.


Cinco tenedores



11 comentarios:

  1. Me llamaron la atención también esas hipótesis recién horneadas y esas conjeturas dulces, igual que el símil de la tormenta para significar la presión a la que está sometido el policía ("...la presión nacía en forma de huracán de categoría cinco... tocaba la Jefatura Superior como tormenta tropical, tras lo que pasaba a convertirse en un fuerte aguacero cuando descendía hasta el comisario provincial. El comisario, entonces, aguantaba el chaparróm y, finalmente, llegaba hasta el inspector de homicidios como esa lluvia fina y constante que siempre termina calando a todo el grupo hasta los huesos si le pillaba desprovisto de un buen paraguas. Sancho era ese paraguas.") . César Pérez Gellida hace lo que quiere con las palabras.
    No conozco Valladolid como tú pero sí lo suficiente para saber que el autor sabe captar el espíritu y el alma de esa ciudad castellana, tan sobria y tan viva. Me ha gustado mucho la novela. Y ahora ya voy por la tercera de la trilogía, "Consumatum est". A ver cómo termina todo esto.

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    1. Por eso no puedo hacer una reseña al uso. Lo que más me ha gustado de la novela, independientemente de que el argumento te sorprenda y de lo bien documentada que está, es el lenguaje. Es difícil encontrar poesía en novela negra (y no me refiero a los poemas de Augusto ;D)

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  2. Ya, ya, pero vosotras no vivís aquí. Después de leer la trilogía hay ciertos sitios de esta ciudad que te empiezan a dar miedo ;-). Gran novela, gran trilogía "pucelana"

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    1. Jajajajajaja, la verdad es que sí. Lo de esa pintada en la pared tiene que dar verdaderos escalofríos (esa no sé si es verdad o ficción).
      Ahora, la próxima vez que vaya a Valladolid juro que me voy a tomar un gin tonic al Zero Café.

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  3. Excelente, una reseña fuera de lo común y con mucho sazón, me fascino!!!

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    1. Gracias, Ric, es que la novela también es algo fuera de lo común. La merece.

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    2. Si que es muy fuera de lo común, de hecho por eso lo han llamado el nuevo genero #Gellida.

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  4. Me alegro de que la trilogía te haya gustado tanto. Por un lado engancha tanto que es inevitable devorarla pero tiene detalles tan buenos que hay que padalearla lentamente. Muchos besos y gracias por participar en la lectura conjunta.

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    1. Gracias a ti por organizarla. A la siguiente no me apunto pero no por ganas, sino que me gusta variar de género. Reservo la de Dolores Redondo que me queda para Navidades.

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  5. Hola, Ana.

    La verdad es que lo que más me llamó la atención es lo que cuentas en la reseña. Lo que pasa es que en mi caso nunca he estado en Valladolid y por eso yo en mi blog, me centré más en el personaje del asesino. En Twitter vi que César Pérez Gellida había visto tu reseña (se que la tuiteo). Seguro que se alegró un montón, porque has dado en el clavo totalmente.
    Saludos.

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    1. En mi caso, podríamos decir que Valladolid cambió mi vida. Viví allí un año que me volvió muy del revés. Y luego he vuelto muchas veces. El personaje del asesino es sorprendente. Como tú dices, lo conocemos desde el principio y aún así nos alucina.

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