viernes, 3 de abril de 2015

Escritora de mañanas

Escritora de mañanas

Ser madre de familia, madre trabajadora (anestesista, clínica del dolor, community manager y cursos de escritura) e intentar escribir en un año una novela y media es de lo más complicado, como podréis adivinar.
Una está en medio de una lucha entre un dragón azul y una Sanadora, metida hasta la cintura en el aire cenagoso de los Pantanos de las Tierras Blancas, a años luz de la compra, la lavadora y la cena de la noche, cuando un mocoso de 9 años te abre la puerta (Sí, esa que Dolores Redondo dice que hay que dejar cerrada siempre) y te hace descender a la cruda realidad de un problema de Matemáticas en el que el padre de Pablo compra 40 pelotas por un tercio de lo que le cuestan a la madre de Martina. Y te da por pensar en que por qué no es la madre de Martina la que obtiene mejor precio en la compra. Y que ya te está saliendo el feminismo sin venir a cuento. Pero cuando decides volver al teclado, entra la otra mocosa de la casa para pedirte que vengas a ponerle la alcachofa de la ducha en su sitio que ella no llega. Y te levantas, vas al baño, te das cuenta de que no hay champú, así que vas a buscarlo y se lo llevas. Y en estas, el dragón azul y la Sanadora te miran como diciendo que qué pasa con ellos. Y tú te encoges de hombros y respondes: "No sois vosotros, soy yo".

Todas estas interrupciones constantes acaban con la inspiración de cualquiera. Así que últimamente lo que hago es levantarme muy pronto por la mañana y aprovechar esas dos horitas en las que la casa está completamente en silencio y los otros tres (cuatro, si contamos a Coque) miembros de mi familia roncan a pierna suelta.
Es increíble lo rápido que se me pasa el tiempo entonces. Esas dos horas pasan en un suspiro. Y también doy un suspiro cuando termino porque sé que hasta el día siguiente voy a tener que dejar de lado a Flamia y a Zack, los protagonistas de las Tierras Oscuras. Sin remedio. Que voy a tener que teletransportarme desde las Tierras Oscuras a mi brillante realidad, en la que me reclaman. 

Hasta el día siguiente, en el que vuelva a ser una escritora de mañanas.



15 comentarios:

  1. Buf, ¿y no puedes aprovechar cuando están en el colegio? A mí es que lo de madrugar me sienta fatal.

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    1. Es que cuando ellos están en el cole, yo estoy anestesiando gente. Quedaría un poco mal jejejje

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    2. Hombre, pues sí, pensaba que tenías turnos y que algunas mañanas no trabajabas.

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    3. La única mañana que no trabajo es el lunes. A veces, sí que puedo aprovechar para escribir, pero generalmente la dedico a talleres de escritura o trámites que necesariamente tengo que hacer.

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  2. Y, ahora en serio, ¿tú cuándo duermes?

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    1. Duermo, poco, pero duermo. Eso sí, soñar, sueño mucho ;)

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  3. Te comería a besos por describirlo tan bien. Ole, ole y ole.
    Un besazo

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  4. Estoo, y el retorno en el primer domingo del mes en AnestsiaR? Muacks, Elena.

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    1. Pues no sé qué ha pasado. Porque yo lo escribí y entregué hace ya tiempo.

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  5. ha aparecido ya? yo miro pero no lo encuentro :(

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    1. Se despistaron. Se publica el domingo que viene.

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  6. A esas dos horas les has amenazado, amordazado, leído la cartilla, etc., para que todo lo que produzcas sea oro de 24 quilates. Que ni se menean, vamos. ;)

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  7. Perdón: "las" has amenazado, que se me ha colado un leísmo por el que alguien me habría asesinado a mí. :/

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    1. Jajajajajjajaja escribir con prisas es lo que tiene ;D. No te preocupes.

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