miércoles, 16 de septiembre de 2015

Los siete pecados capitales del escritor de Fantasía

Los siete pecados capitales del escritor de Fantasía
Los escritores somos humanos. Pecadores. Por eso es tan importante que exista la figura del corrector, para que –como buen sacerdote– nos absuelva de nuestros pecados y nos enseñe la senda correcta. Mejor –además–si ese corrector es totalmente independiente de lo que tiene que venderse después. Para que evite contaminarse.
Yo he tropezado en todas las piedras. No iba a ser menos. Esto que os traigo hoy son los

Siete pecados capitales del escritor de Fantasía

la lujuria del escritor de Fantasía

Lujuria
Hace muy poco, hice de lector cero de un amigo escritor. Había escrito una novela de ciencia-ficción que partía de una premisa original y con una trama bastante interesante. Cuando le dio a leer el borrador a su mujer, ésta le dijo: "Pero ¿no has metido ninguna escena de sexo?". Resultado, la novela-borrador tenía en medio del meollo escenas muy subidas de tono que no casaban con el planteamiento global. Cincuenta sombras de Grey ha hecho mucho daño en el mundo literario. 
Yo también tropecé con la piedra de la lujuria en Leyendas de la Tierra Límite. El comentario de uno de mis lectores cero fue: "Quita esto inmediatamente. Es como estar leyendo a Laura Gallego y que se te cuele Nora Roberts en la página". 
A veces es mucho mejor sugerir que describir el sexo implícito. En ocasiones, hay líneas que los lectores de Fantasía no quieren cruzar. A menos que seas George R.R. Martin y sea todo un totum revolutum.

La gula del escritor de Fantasía

Gula
La descripción de los platos que nuestros protagonistas están comiendo durante líneas y líneas no aporta nada a la historia aunque haga salivar al lector. En mi caso, me gusta cocinar y me gusta comer, así que Guil –el protagonista, que, para más inri, es cocinero– pasaba páginas y páginas cocinando platos deliciosos. ¿Quién no se enamoraría de un tipo así? Pues mi corrector no lo hizo. "No aporta nada a la historia como un tipo corta verduras. Fuera". 

La avaricia del escritor de Fantasía

Avaricia
Vale, en éste –a lo mejor– no he pecado. Aunque algún lector me acusó al principio de querer monetizar mis escritos (¿Hay algo malo en querer vivir de lo que escribes?). La avaricia es lo que le pasa, por ejemplo, a la saga de "La Selección" de Kiera Cass. Da la sensación de haber sido en sus inicios una novela autoconclusiva muy buena que la autora se empeñó en estirar y que creo que va por su ¿octavo? libro sobre el mismo tema. 
Podemos pecar de avaricia por tres motivos: 
  • Por la presión del editor, que ve que se vende bien y te pide más sobre la saga. No quiero ni pensar lo que debe estar soportando JK Rowling. 
  • Por el apego emocional a los personajes: después de vivir con ellos años, cuesta dejarlos marchar. Es algo así como "el síndrome del nido vacío del escritor". 
  • Por una planificación mal hecha: no hemos hecho escaleta literaria y se nos va la historia de las manos. 

La pereza del escritor de Fantasía

Pereza

Cuando escribimos hacemos un contrato virtual con nuestros lectores. Ellos empiezan una saga con nosotros y, aunque no está escrito en ningún lado, debes terminarla. O perderán la confianza en ti y no te volverá a leer ni tu madre. A mí, en concreto, me daba mucha pereza terminar la saga de El blog de la doctora Jomeini porque la primera parte estaba en manos de la editorial Nowtilus y no podía moverla sin contar con ellos para todo. Pero no podía dejar la historia inconclusa. Por eso, publiqué Planes de boda. No son los cuatro libros prometidos, pero al menos la historia tiene un final. Si alguna vez recupero mis derechos sobre la novela, prometo revisarla y hacer un libro completo con los cuatro años de la doctora Jomeini. Sin pereza.

la ira del escritor de Fantasía

Ira
Hay una variante de la Fantasía que toma la ira como bastón. Es la Fantasía Grimdark. No solo se nos mueren los personajes, sino que lo hacen de forma violenta, llevando al lector a sentir sus heridas sobre la piel. A eso, concretamente, me refiero cuando hablo del gusto por "revolcarse en los inmundo" de Pierce Brown.
En mi caso, mi madre tuvo que frenarme en Leyendas de la Tierra Límite para que no siguiera matando a gente. Me salió la vena sádica, qué se le va a hacer.

La envidia del escritor de Fantasía

Envidia
Creo que es el pecado de cualquier escritor por excelencia. He pasado horas con amigos escritores en las que de lo único que hablaban era de lo increíble que era que le publicaran a otro "esa mierda" cuando él lo hacía mejor. Independientemente de lo bueno que sea tu libro o no, hay algo más en juego. La suerte. Que los lectores te conozcan y consigas conectar con ellos. Que tu libro vaya de boca en boca. Que te haya caído en gracia una buena portada (El ilustrador es muy importante). Alicia me enseñó que los demás escritores no son competencia. Son aliados. Y no puedo decir que no he pecado. Lo que daría por escribir como Cotrina...

La soberbia del escritor de Fantasía

Soberbia
Tal vez el mayor pecado de todo escritor. Los lectores se sorprenden cuando me envían algo que no les ha gustado de una de mis novelas y les doy las gracias por decírmelo. Eso no quiere decir que al principio no me sentara mal. Una tiene su corazoncito soberbio. Pero he aprendido que si alguien piensa que una cosa (una frase, una explicación, una escena) no cuadra es por algo y siempre lo reviso. He aprendido mucho de esta manera y sé que me queda mucho por aprender. Algunos de mis mayores críticos del pasado son ahora de mis lectores habituales, gracias a que les hice caso.

Por otro lado, muchos autores prefieren que su nombre sea conocido y estar en todas las librerías a tomar el control de su producción y autopublicarse. En parte es por orgullo. Si no estás publicado por una editorial, no eres "escritor de verdad". Pero el orgullo no da de comer y yo creo que el escritor de verdad es el que cotiza a Hacienda por sus libros, ni más ni menos. 


Confiesa, pecador 
¿Cuál de estos has cometido? 




10 comentarios:

  1. Yo soy Homer Simpson un tipo muy tranquilo... Jajaja, ya sabes, yo soy de ira total. Me encanta matar a mis personajes y si no los mato los dejo bastante perjudicados en general, no me van los finales felices.
    La envidia... Creo que es el pecado que más me persigue. Tienes mucha razón cuando dices que nos somos competencia, que entre nosotros lo que tenemos que hacer es aprender y ayudarnos, pero la sensación de puñetazo estomacal que sientes cuando a alguien le publican algo, es difícil de aguantar. Sobre todo cuando los conoces y sabes cómo trabajan y lo que hacen.
    Podemos y debemos (mi novia te podría contar lo mucho que he avanzado en este aspecto :P) controlar esa envidia, no podemos pasarnos la vida amargándonos por los éxitos de los demás.
    Hay mucho mercado, cada día más porque el español es la segunda lengua más usada del mundo, estamos en una posición buenísima, no es como escribir en finés, nosotros tenemos un público enorme y por eso tenemos que aprender a gestionarnos y colaborar más entre nosotros, que somos muy de cuchillo y espalda.
    Genial artículo, Ana, como siempre aprendo mucho contigo.
    P.D: Me diste un consejo que cambió la forma en que enfocaba las cosas, y valió su peso en oro. Muchas gracias.

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    1. Hombre, escribiendo terror y negra, yo creo que la ira es difícil de controlar ;D
      La envidia no sirve para nada, la verdad, más que para hacernos una úlcera en el estómago.
      Me alegro que te sirviera, tanto el artículo como el consejo (no me atrevía a decirlo, pero como lo dejaste caer en tu post, me lancé ;D).

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  2. Matar personajes violentamente, desde luego. Aunque teniendo en cuenta que mi novela actual transcurre en el Infierno, pues es algo natural... Mi lectora cero me ayudó a entender que era mejor evitar describirlas si no aportaban a la historia, así que dejé el detalle de sólo la que era importante, y el resto, pues... sencillamente mueren. Como muy bien me explicó ella, el protagonista está más ocupado en sobrevivir que en ver cómo se mueren los demás.

    Personalmente, dudo caer en la Lujuria. Me salteo esas escenas cuando siento que están de más en cualquier libro: leo la primera vez de dos enamorados muy feliz, y la segunda ya la salteo. Recuerdo una escena en algún libro que terminaba:
    "Y apagó la luz, para que sólo la luna la iluminara cuando se desnudara" y fue hermoso. Como tú dices: insinuar muchas veces es suficiente.

    ¡Excelente post, comparto!

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    1. Los lectores cero son lo mejor que se ha inventado después de la lavadora :D
      Es que lo de la lujuria está muy de moda. Yo creo que hay que describirla cuando aporta algo al argumento, si no, cansa.

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  3. Confieso, madre Jomeini, que he pecado. La pereza es lo que me impide ponerme a escribir ahora mismo.
    Tranquila, que ya me pongo penitencia yo solo, ahora mismo me voy a escribir dos mil palabras. Un artículo interesante, más aún con eso de Laura Gallego y Nora Roberts (¿en serio te dijo alguien eso?)

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    1. Muy en serio, además de otras lindeces como: "¿En serio vas a poner esta mariconada?". Mis lectores cero están escogidos por no tener pelos en la lengua ;D

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    2. Ya que estamos con lindeces, mi primer lector cero me hundió en la miseria cuando leyó mi primer capítulo. Me dijo tantas maldades que ese día perdí las ganas de escribir, pero por suerte siempre llevo un mazo en la mano. Al final se lo agradezco porque siempre voy preparado y dispuesto a mejorar (creo, espero). Aunque seguimos riéndonos de mi Gargantúa aterciopelada (en serio, escribí eso).

      De todas formas, son pecados capitales de cualquier escritor, no solo de fantasía. Yo he pecado de Ira, Pereza y Envidia (de la sana). ¿Se puede considerar Soberbia cuando una antigua profesora de lengua te dice que deberías dejar de escribir? No se lo dije, pero pensé que no tenía ni puta idea.

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    3. Hay profes de literatura que han hecho mucho daño ;D
      Ostras, ¿dónde cuernos metías lo de Gargantúa aterciopelada?

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  4. ¡Todos los que nos dedicamos al oficio de escribir hemos caído en al menos uno de estos pecados (no te de temor confesar si los has padecido todos)!

    En mi caso, tengo un apego muy particular por la culinaria -no soy un experto en la cocina, aunque me gusta preparar uno que otro plato, pero tampoco soy glotón-, quizás ese gusto se deba a que cuando pequeño pasaba mucho tiempo en la cocina con mi mamá. En mis historias, hay dos o tres escenas relacionadas con comida o se desarrollan en una cocina... por ahora no he podido evitarlo (es cierto, tres veces está escrita la palabra cocina –cuatro con esta última-.

    La ira (literaria), he aprendido a controlarla -aunque hay uno que otro personaje decapitado-. De momento he optado por eliminar máximo dos personajes por historia -cuando se trata de una novela que tendrá continuación-, y así evito en un futuro, revolver los estómagos de mis lectores.

    La pereza, ¿quién no la ha sufrido? Es el peor de todos los pecados -me atrevo a decir que más que un pecadillo, es un mal y bastante peligroso-. Yo la combato pensando en lo mucho que disfrutarán mis lectores de la historia, una vez se encuentre terminada.
    P.D. el último comentario puede resultar soberbio.

    ¡Saludos desde Colombia!

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    1. Jajajajaja, me ha encantado el comentario.
      Saludos desde el otro lado del charco ;D

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