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Hace dos fines de semana me fui a Londres con mi santo y los enanos. Con un solo propósito en mente: visitar el Warner Bros Studio donde se rodaron las películas de Harry Potter. Bueno, dos propósitos: visitar eso y evitar que mi marido se divorciara cuando se diera cuenta —si es que no se ha dado cuenta ya— de que se había casado con una friki. 

La expectación empieza cuando reservas tus entradas (que salen alrededor de 30 libras por persona). Te recomiendo que lo hagas bastante antes y vía internet. ¿Por qué? Porque cada hora tiene un cupo de visitantes y puedes llegar allí y descubrir que no tienes entradas y que te tienes que volver por dónde has venido.

Las entradas te vienen en este sobre tan chulo. No es la carta de admisión a Hogwarts, pero viene personalizada.

La forma más económica de ir es en tren. Desde la estación de Euston puedes tomar un tren hasta Watford Junction, que es el sitio en el que están los estudios.

Aunque también hay empresas que te llevan desde cualquier sitio de Londres en autobús, a mí me parece carísimo y además te impone una hora de regreso.

Harry-Potter-tour
Al ver el autobús yo ya empecé a dar saltitos…

En Watford Junction, coges un autobús que es inconfundible. ¡Ojo! Es importante que conserves el ticket del autobús (que cuesta unas 3 libras) porque te servirá para volver cuando termines la visita.

Una vez allí, pasando esa puerta que ves al final de la foto (detrás de toda la gente posando), hay un enorme vestíbulo, presidido por los retratos de los protagonistas de las películas y el coche volador de los Weasley.

Y un hueco en la base de una escalera, que todos conocemos muy bien. 
En la entrada te ofrecen audioguías, pero si eres muy fan de Harry Potter, como es mi caso, no te hacen falta. Reconocerás todos los detalles en el trayecto sin necesidad de audioguía. 

Detrás de estas enormes puertas, está el gran comedor (sin la mesa central para que podamos movernos).

En el vídeo de debajo tenéis una panorámica de este salón presidido por la imagen de Albus Dumbledore y del recorrido dentro de los estudios. Desde el aula común de Gryffindor a la sala de pociones, pasando por el despacho de Dumbledore, la casa de los Weasley y la cabaña de Hagrid. Curiosísimos los detalles de cómo se grababan las escenas, de vestuario, de maquillaje, de efectos especiales…incluso, de decoración. ¿Sabes que muchos de los integrantes del equipo técnico salen en los cuadros que adornan las paredes de Hogwarts?

¿Alguien adivina de quién son estos zapatos de la sección de vestuario?

Dentro de los estudios, puedes volar en escoba (aunque el vuelo te sale la friolera de 25 libras), montar en el Hogwarts Express (donde hay montajes con Croma para que salgan dementores por la ventana) y sacarte una foto en el andén 9 y 3/4. Puedes dar clases de varita, probar la cerveza de mantequilla (que sabe a vainilla con zumo de manzana y que no tiene alcohol) y tocar a la puerta del número 4 de Privet Drive. 
Puedes visitar el Ministerio de magia, el despacho de Dolores Umbridge (y salir vivo del intento) y pasear, el lujo de los lujos, por el callejón Diagon, donde está —cómo no— la tienda del señor Olivander. 
Puedes sorprenderte por el enorme trabajo de arquitectura y de diseño que representó Hogwarts. Ninguno de los detalles de la enorme maqueta que preside una de las salas y de los planos, cuadros y bocetos que ilustran sus paredes tiene desperdicio. Y en todo ese trayecto puedes entretenerte lo que quieras. El recorrido se puede hacer en tres horas aproximadamente, pero a nosotros nos llevó más de cinco (porque también comimos dentro. Puedes llevarte la comida, pero también hay una cafetería dentro).
El problema es cuando al final de todo esto llegas a la tienda. Como Potter-adicto te llevarías la tienda entera, pero es tremendamente cara. Y de hecho, la gran mayoría puede encontrarse en Amazon o en Ebay a precios más bajos. Excepto mi pecado mortal (la varita de Luna Lovegood), que sale lo mismo. 


Os dejo aquí el vídeo con más detalles (hay tantos que el post se haría interminable). Y también podéis verme volar en una Nimbus 2000, como si lo hubiera hecho toda la vida. Bruja que es una.

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