Este macro-post está escrito por Guillermo Jímenez Cantón (conocido por estos lares, como Lecturonauta). Así que yo hoy ni pincho ni corto (Bueno, un poco sí, al final). Os dejo con él. 
Hoy he venido a este Fogón a hablar de la historia de la
literatura fantástica. 
En profundidad. Aprovechad
y coged algo con lo que apuntar, porque aquí tendréis novelas para una década,
o más.
Podéis pedirlas por Navidad, por ejemplo, porque ¿qué mejor regalo
que una buena novela fantástica?

Pero para ello primero habría que definir qué
es la literatura fantástica.

Es difícil definir la literatura fantástica. En serio. Mucho.

Párate a pensarlo. Intenta encontrar una definición que no
incluya el realismo mágico, ni la ciencia ficción, ni el terror. La verdad es
que las fronteras entre estos géneros no son fáciles de marcar. Y luego hay
subgéneros. No, en serio. Hay muchísimos subgéneros. Y hay subgéneros de los
subgéneros. Cyberpunk. Dieselpunk. Greenpunk. Es un caos.
Pero como hay que saber de qué demonios estoy hablando,
vamos a intentar definirlo un poco. La literatura fantástica, en lo que dure
este post, será la literatura que incluya elementos que no sean posibles en
nuestro mundo tal y como es, ni lo sean en el futuro (FUERA CIENCIA FICCIÓN.
¡YO TE EXPURGO DE ESTA TIERRA! Al menos de este artículo). Tampoco que esos
elementos se utilicen principalmente para dar miedo. Esto nos fastidia bastante
porque en los orígenes, la distinción de terror no se hacía… Agh.
Y tampoco es realismo mágico, porque… porque lo digo yo. ¿De
verdad os sorprende que no haya una definición clara del género? Es demasiado
amplio.
En fin. Literatura fantástica. Finjamos que todos sabemos de
lo que estamos hablando.

La literatura fantástica comenzó “oficialmente” (sin contar
toda la mitología y demás que se lleva haciendo desde que el mundo es mundo) en
el Romanticismo, con “El castillo de Otranto”. A partir de ahí los autores como
Poe y Mary Shelley (Frankenstein) la
hicieron crecer. Luego llegó el Racionalismo en las ciencias, lo fantástico
pasó un poco de moda (y empezó el auge de la ciencia ficción), y nació el
Realismo mágico. Hasta aquí voy tirando de Wikipedia.
Empezó por fin la fantasía que nos gusta. Nacieron dos
géneros importantes: La fantasía heroica (espadas y brujería) y la alta
fantasía épica. De la heroica tenemos a Conan
el bárbaro
, de Robert E. Howards. 
Y de la épica tenemos a Tolkien. Hay que hacer una distinción
importante entre ellas: En la heroica, el héroe va luchando contra el mal allá
donde va, mientras que en la épica hay un gran mal final al que hay que
derrotar. Los problemas de la heroica son problemas del protagonista, mientras
que los de la épica son los problemas del mundo en el que se desarrolla.
De la quinta de Tolkien, está C.S. Lewis, autor de Las crónicas de Narnia. Un poco
posterior es Ursula K. Le Guin, con sus cuentos
de Terramar
. Entre ellos ya podemos ver dos corrientes fantásticas
distintas: Narnia es relativamente parecido a Tolkien en su forma de mostrar
los conflictos pero utiliza personajes mucho más inocentes, más orientados a la
juventud. Por el contrario, Terramar es una obra mucho más profunda y adulta,
que espera que el lector sepa interpretar las metáforas, pero a nivel de
fantasía es un mundo más cercano a Tolkien que Narnia. Sin embargo, los
conflictos son más internos.
Entre Tolkien, Lewis y LeGuin podemos ver tres tipos
distintos de narración muy distintivos: Tolkien es más cargado y pausado,
LeGuin es breve y apenas describe las escenas aunque las carga de recursos
literarios, mientras que Lewis se mantiene en un punto medio con una narración
fluida y accesible.
La fantasía siguió su curso, y alrededor de los años ochenta
se puso muy de moda una especie de punto medio entre la fantasía heroica y la
épica. Dragones y mazmorras supuso un antes y después, y llenó el mercado
fantástico. 
Son dos las sagas icónicas de esta época: Reinos Olvidados (de una gran cantidad de autores), que bebía del
universo de Dragones y Mazmorras, y por otro lado Las crónicas de la Dragonlance (De Margarett Weis y Tracy Hickman).
Reinos olvidados se encargaba de explorar el mundo de Dragones y Mazmorras,
mientras que la Dragonlance era una saga como tal, independiente. 
Los años
ochenta se llenaron de lo que mucha gente piensa que es la literatura
fantástica: obras inspiradas por Tolkien y D&D, lo que llamaríamos la
fantasía clásica con Dragones, hechiceros, elfos, enanos y demás. Aquí las
cosas son blancas o negras, los buenos ganan y los malos pierden.
Terry Pratchett se pone a hacer un poco de las suyas, y
durante estos años parodia la fantasía clásica con la creación de su Mundodisco.


Llegamos a los años noventa. Era la época de intentar cosas
un poco diferentes: Margarett Weis y Tracy Hickman publicaron una saga bastante
icónica: El ciclo de la puerta de la
muerte
, que es uno de los grandes referentes de la alta fantasía épica. Sin
embargo, se sale un poco de los convencionalismos, ya que la historia está
ambientada en un futuro postnuclear en el que los humanos han mutado a elfos,
enanos y demás (una vuelta de tuerca interesante). 
Por otro lado, Andrej
Sapkowski creó su saga de Geralt de
Rivia
, un mundo parecido a la tierra media Tolkieniana, pero mucho más
cínico y realista. En esta época empezó a proliferar la figura del antihéroe, y
se tanteaba la idea de que las cosas no eran tan blancas y negras como se
suponía una década antes. Hay mucho más lugar para todo el conflicto moral.
Neil Gaiman publica con Pratchett el libro Buenos presagios. También publica Stardust, una de sus grandes obras. Phillip
Pullman se adelanta a nuestro tiempo con su trilogía semisteampunk La materia oscura. Los autores empiezan
a escribir sagas kilométricas:
  • La espada de la
    verdad
    , de Terry Goodkind: De 1994 a 2015, una de las grandes sagas de la
    fantasía. 25 libros, nada menos. 
  • La
    rueda del tiempo
    , de Robert Jordan: De 1990 a 2013, otra de las grandes,
    que por desgracia su autor no pudo completar (le pasó el testigo a Brandon
    Sanderson). 
  • Canción de Hielo y Fuego:
    De 1996 a la actualidad. ¿Qué hay que decir de Juego de Tronos que no se haya
    dicho ya?

Entra J.K. Rowling con su Harry Potter. La mujer va y le da un giro completo a la fantasía,
creando un par de subgéneros por el camino. La fantasía se vuelca en la
juventud, y aunque toma un poco de la fantasía clásica, busca algo nuevo. Harry
Potter es el pistoletazo de salida de la literatura juvenil y de la urban
fantasy. Es el comienzo del nuevo milenio.
En la primera mitad de la década 2000, se explora un poco más
la literatura como algo juvenil. En España se rescatan Las crónicas de Narnia.
Hablando de España, hay que hablar de la que fue portaestandarte de la
literatura fantástica española: Laura Gallego. Empieza su carrera con Finis Mundi, pero sus dos grandes
éxitos son Crónicas de la Torre y Memorias de Idhún. Es en esta época
cuando se asienta el tópico de la escuela de magia, y la fusión de un mundo
real con uno fantástico, separados de alguna forma.
Fuera de España, tenemos la saga Eragon, de Christopher Paolini. La muestra de que la fantasía
clásica puede colear todavía un poco, pero más orientada a lo juvenil.
En todo este huracán juvenil nació Crepúsculo, de Stephenie Meyer, intentando volver a las raíces
góticas de las que gozó el romanticismo que hacíamos alusión al principio.
Crepúsculo es una mezcla de fantasía urbana con juvenil romántica, y también ha
sido la obra que ha abierto las puertas de la fantasía juvenil romántica como
la conocemos ahora.
Entra la segunda mitad de la década, de 2005 en adelante. Se
empiezan a conformar muchas corrientes distintas, y todo se divide en
subgéneros. La gente empieza a experimentar, experimenta mucho. 
Por una parte
tenemos a Brandon Sanderson, que le da la vuelta al modo de ver la magia en la
literatura con muchos de sus libros (Nacidos
de la Bruma, Elantris
). 
Por otro lado, a Brent Weeks, que intenta sacar a
la fantasía de sus ambientaciones clásicas: Con El ángel de la noche se mete en una ambientación oriental, mientras
que a finales de la década se pone en un ambiente mediterráneo renacentista con
El portador de la luz
Peter Brett,
por el contrario, le da un toque de oriente medio a su Saga de los Demonios
Joe Abercrombie sigue un poco el realismo
cínico de Sapkowski y George RR Martin con su trilogía La primera Ley. En este período vemos pocos dragones y hechiceros
tradicionales, las criaturas y los sistemas mágicos se alejan bastante de la
fantasía clásica. Estos escritores todavía mantienen algunas de sus sagas en la
actualidad.
En 2006 Patrick Rothfuss publica El nombre del viento, una deconstrucción de la fantasía que le
precedió. Si solo pudiera recomendaros
una saga en toda mi vida, sería ésta
. Sin contar las que escriba en el
futuro, claro.
La fantasía más juvenil y romántica fue por otra vía. Por un
lado, apareció la saga de Cazadores de
Sombras
, de Cassandra Clare, que fue el boom de la urban fantasy (no ha
llegado más lejos porque la película no estuvo a la altura). 
Por otro lado, Los juegos del hambre, de Suzanne
Collins, que trajo a la literatura juvenil la distopía (aunque en mi opinión
toda la distopía entra dentro de la ciencia ficción).
Sigue habiendo algunos bichos raros. Jim Butcher hace una
mezcla de novela negra y fantasía urbana con su saga de Harry Dresden, mientras que por otro lado fusiona el imperio romano
con pokémon con su Codex Alera (no
utiliza pokémon de verdad, pero la novela nació de esas dos ideas).
Entramos en la década 201X. Esta vez el boom literario no ha
caído en la fantasía. 50 sombras, no hay mucho que decir. Por otro lado, Juego
de tronos
se convierte en serie de televisión, The Witcher arrasa, renace El
hobbit
… La fantasía pasa por un buen momento.
Los autores de la década anterior siguen publicando sus
trilogías/tetralogías. Además, es la década del genrebusting. La mezcla
de género llega hasta límites que no estoy seguro de que el ser humano esté
listo para afrontar.
El Steampunk estalla, esta va a ser su década. El misterio de la caja Bethel, de
Concepción Perea, Leviatán de Scott
Westerfeld, Cazadores de sombras Los
orígenes
, de Cassandra Clare, Aleación
de Ley
y Shadows of Self de
Brandon Sanderson… 
Jay Kristoff va un paso más lejos en esto de mezclar géneros
y se inventa un Japón feudal steampunk con criaturas mágicas como los grifos,
en Las guerras del loto. J. Valor
Montero se monta una ucronía romana steampunk en La república pneumática. Hay vapor para rato.
Zombies por todas partes. Zombies en juego de tronos,
Zombies con orgullo y prejuicio, boom de zombies. Boneshatter de Cherie Priest es steampunk con zombies, por ejemplo.
Memorias de un zombie adolescente es
un retelling de Romeo y Julieta con Zombies en la época actual. POR DIOS QUE
ALGUIEN TERMINE YA CON EL GÉNERO ZOMBIE. NO SE MUER- oh.
Se exploran un poco más las ambientaciones poco utilizadas. Aparte
de los mencionados Japón y Roma, El
trono de la luna creciente
, de Saladin Ahmed explora el mundo árabe de las
mil y una noches; mientras que Medio Rey
de Joe Abercrombie y Neimhaim de
Aranzazu Serrano se encargan de los paisajes nórdicos. Por otro lado, Brian
McClellan explora una especie de Juego de tronos en una época más actual,
dieciochesca incluso, con su saga The
Powder Mage
(el mago de la pólvora, a ver cuánto tarda en llegar al
español).
La literatura fantástica y romántica se mezcla un poco más,
y nace por fin un género extraño que abarca lo que está después de la literatura
juvenil y antes de la literatura para adultos: Young Adult, con distopías como La selección, de Kiera Kass, El corredor del laberinto de James
Dashner y la saga Divergente, de
Verónica Roth. A la gente le parece que contar los cuentos clásicos de otra
forma es una buena idea y nacen cosas como Cinder,
de Marissa Meyer.
Tenemos grandes autoras de juvenil en españa, como Iria G.
Parente y Selene M. Pascual con sus novelas Alianzas y Sueños de Piedra.
Laura Gallego sigue dando guerra con cosas como Donde los árboles cantan, El
libro de los Portales
, y Todas las
hadas del reino
.
Luego está Ana Gonzalez Duque (sí, la propietaria de este
blog) con sus Leyendas de la Tierra Límite, que todavía no he leído y por eso no puedo opinar. Ya caerá para navidades.
Y llegamos al momento presente. 
Por fin.
¿Qué le espera a la literatura fantástica? 
Si os digo la
verdad, espero una evolución. La gente seguirá experimentando, y se crearán
cosas maravillosas que nadie ha imaginado todavía. ¿Por qué no una distopía del
Egipto antiguo? La creación del Young Adult puede que cree una separación más
marcada con la literatura juvenil que la que tiene en la actualidad. En algún
momento llegará otro nuevo boom que revolucione la literatura juvenil.

Y quizás para la
mitad de década que viene, yo haya podido publicar algo. Recemos por ello.


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