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Confesiones de una heredera con demasiado tiempo libre, de Belén Barroso
Conocí a Belén Barroso a raíz de un concurso al mejor post del año. La ganadora se llevaba un viaje a Nueva York. Ella quedó primera y yo quedé segunda. Cosa que, como podéis comprender, después de machacar a todos mis conocidos –y al tendero de la esquina– para que me votaran, me tocó bastante las narices. Vengativa yo, fui a enterarme quién era la desalmada que me había quitado el premio delante de las narices toqueteadas. Así llegué a un blog cuya cabecera ponía: “Lo que ahorro en psicoanálisis” y debajo “Este blog está enfocado a la dominación mundial, o en su defecto la de algún polígono industrial que esté mal vigilado”. Me quedé como los conejos cuando los alumbras con el coche en la oscuridad. 

Mi cara después de ver el título del blog
El primer post debajo de estas líneas era un post de las búsquedas que llevaban a su blog. Esas búsquedas me hicieron llorar de risa por los comentarios al margen de Belén (a la que nunca podré llamar Belén, porque para mí siempre será Loque), así que me olvidé por completo de mis ganas de venganza y fui subyugada por esta MIB (que no significa Men in Black, sino Mujer de Incontestable Belleza) que puede que no consiguiera dominar el mundo, pero desde luego sí que ha sabido ganarse un sitio en mi corazoncito. 
En ese blog, leímos sus fans las primeras cartas a Edwina. El germen de este proyecto (comentado varias veces por mail) que es, ahora, un libro editado por Espasa y que ya estáis tardando en leer. 
Un libro que condensa todo el humor irónico y maravilloso de Loque, un delicioso repaso de todos los clichés de la  literatura clásica austeniana y una edición preciosa y cuidada, tanto que me dan ganas de aplaudir al editor.
Preciosa edición de "Confesiones..."
Perlas del estilo de “Es usted capaz de hilar más de dos frases seguidas sobre el tiempo ¡Ya tiene conversación más que suficiente para entrar en sociedad!” o personajes magistrales se esconden entre las páginas de esta novela divertida y chispeante. Personajes como el mayordomo Branson o Bovril (solo el nombre ya tiene algo vacuno), uno de los aspirantes a marido o Mistress Pilgrim, la cotilla de la vecindad, cuyo diálogo magistral es el que he elegido para hacer la recetoreseña de hoy: 
–Querida amiga, creo que estará de acuerdo conmigo en que hay asuntos en los que una viuda puede aconsejarte mejor que nadie. 
–Sí, claro.
–A lo mejor, conociendo mi situación familiar, ya sabe a lo que me refiero.
–Creo que sí –contestó la viuda, bajando el tono, y añadió–: ¿Quiere decir en cómo enmascarar el sabor de algo, de digamos…un preparado en el pastel de carne?
–¿Un preparado como qué?¿Una medicina? –preguntó sorprendida mi madre. 
–Sí, sí, claro, una medicina, qué otra cosa podría querer ocultar una viuda en el pastel de carne favorito de su marido, sobre todo antes de ser viuda –se apresuró a contestar mistress Pilgrim. 
El pastel de carne de Parsley Manor
Os prometo que, por esta vez, no he metido nada –nada que haya que disimular– en el pastel. Pero que alguien se atreva a volver a quitarme un viaje a Nueva York. Me va tener que compensar comprando mis libros y con una reseña como esta.  
Esta novela la recomiendo dentro de la iniciativa “Uno al mes” (propuesta por Pilar, del blog “Mamás full time”). 

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