Seleccionar página

¿Cómo construir un mundo imaginario para tu novela?
Harry Potter no es nada sin Hogwarts. Todo lo que hace y lo que dice tiene coherencia en el castillo y en el mundo que lo rodea como telón de fondo. Y no solo Harry Potter. Cuando hablamos de los diez mundos en los que todos habíamos estado y que, sin embargo, no existen, de lo que hablábamos –en realidad– es de mundos imaginarios salidos de la mente de un escritor.

Como en la vida real, los personajes de las novelas actúan en un mundo en el que rigen determinadas normas: tanto físicas como sociales. Esas normas hacen que el mundo que está detrás de nuestra historia sea coherente y creíble. Y es lo que permite al lector perderse dentro de él. Por ejemplo, todos sabemos que por mucha dieta que hagamos, no vamos a tener el cuerpo de Naomi Campbell, pero no nos sorprende en absoluto que una poción multijugos pueda transformar a Harry y Ron en Crabbe y Goyle. ¿Por qué? Porque existe dentro del universo dibujado por J.K.Rowling lo que se llama

principio de coherencia
Los autores de Fantasía tenemos que crear un mundo alrededor de nuestros personajes. Y en ese mundo –ese mapa– no solo tenemos que poner el pueblo, país, mundo o galaxia en la que vamos a desarrollar la acción, sino también los linajes, las razas, las lenguas, las culturas y las relaciones. 
¿Cómo podemos hacer esto? Evidentemente, no se hace en un solo día. En los Talleres de Literatura Fantástica que doy en centros de enseñanza, les digo a los chicos que piensen en un objeto cualquiera. Ese objeto nos va a servir de punto de mira para diseñar un mundo.
Ya he dicho muchas veces, como en la presentación de la novela en Gigamesh o en esta entrevista, que la idea primera de Tierra Límite partió de una conferencia sobre la célula. Y el concepto principal fue el de barrera. Existe una Tierra separada en dos por una barrera. De la misma forma, podemos tomar cualquier cosa. Por ejemplo, un lápiz. El lápiz está dividido en una mina de grafito cubierto por un cilindro de madera. La mina de grafito solo puede verse en una zona del lápiz que es la punta. Supongamos que abstraemos el concepto para imaginar un mundo donde la gente vive en minas y no conoce la superficie, hasta que uno de ellos encuentra la punta del lápiz.

Hay una novela sobre cómo en una manta de patchwork se entrelazan las historias de sus protagonistas que se llama “Coser y cantar” (de Whitney Otto). De la misma forma que las costureras diseñan un tapiz de patchwork, nosotros vamos a dibujar nuestro mundo a partir de esa idea primera. Cualquier cosa que veamos puede servir para darle colorido y armonía: una situación de una película, una foto, un tweet, un comentario oído al azar. Todo forma parte de nuestro pachtwork particular.

Con todo eso, hay que empezar a organizarse ¿Cómo? El truco es seguir una serie de pasos y no saltarse ninguno para no tener que volver constantemente para atrás a corregir algo que no habías definido previamente. Esos pasos son: 
  • Empieza pensando el lugar: ¿es un pueblo, una ciudad, un país, varios, una galaxia? Es importante saber dónde estás. 
  • Ese lugar en qué época está. ¿Medieval?¿Futuro?¿Actualidad?  Esa es una de las cosas por las que es importante tener un corrector. Él se va a dar cuenta enseguida de si alguna palabra o situación no cuadra con el ambiente. 
  • Dibuja una línea de tiempo que explique cómo se formó ese mundo, aunque en alguna de las historias no vayas a usarlo. Si quieres ampliar el universo por cualquier motivo, la ampliación será coherente. 
  • El mapa de Tierras Blancas, dibujado por Alicia Borges
  • Dibuja tu mapa, aunque te salga tan churro como a mí el mío. No, no me ganaré nunca la vida como ilustrador. Como datos a tener en cuenta, piensa que las poblaciones se forman generalmente al lado de un recurso natural: un río, un lago, el mar, transportes o fuentes de energía. Los desiertos no pueden ir generalmente al lado de los mares y los lagos suelen ocupar cráteres de volcanes vacíos. 
El mapa de Tierras Blancas dibujado por mí, con traducciones de Alicia Borges.

  • Ese mundo tiene que tener un clima, que afecta a los personajes. 
  • Y luego, toca la parte de estrujarse las meninges. O como dicen los ingleses, que para eso son más fashion: brainstorming. Hay que pensar quién tiene el poder en ese mundo, qué leyes lo rigen, cómo es la sociedad, cuáles son los castigos, cómo se relacionan las razas entre sí, quién las gobierna. 
  • Y, por último, ¿cómo es la vida cotidiana en ese mundo? Dónde viven y trabajan tus personajes, qué comen, cuál es su relación con la flora y la fauna de su mundo, qué tecnología existe, qué comunicaciones y qué transportes.  
Y ya. Ya puedes ponerte a pensar en quiénes son los qué se van a mover por ese mundo. Ya hablamos un poco de los personajes de una novela de Fantasía aquí, pero, como soy así de pesada, volveremos sobre el tema en futuros posts. Si tú quieres, claro. 

Pin It on Pinterest