Aciertos y errores como escritores

Resumen del episodio:

En este episodio de La tribu de la Romántica, Beatriz Blumen, Ana González Duque, Helen Rytkönen y Bea Peidró comparten, entre risas y verdades incómodas, los grandes aciertos y errores que han marcado su camino como escritoras. Un episodio que sirve de espejo —y consuelo— para quienes empiezan a escribir o quieren vivir de ello.

Ana González Duque —la madre superiora— abre la conversación con tres decisiones que transformaron su carrera: dejar la medicina por la escritura («me dio vértigo, pero hoy me alegro cada día»), lanzar su podcast a pesar del acento y la inseguridad técnica y lanzarse a autopublicar. De esta última, destaca que le enseñó más del mercado editorial que cualquier curso: «Tropezar te obliga a buscar soluciones».

Entre los errores, Ana menciona uno clave: no decir «no» a tiempo. Colaboraciones que no la representaban o personas tóxicas que le robaron energía. También reconoce que habría tratado su carrera como un negocio desde el primer libro: planificación anual, objetivos medibles, mentalidad emprendedora.

El tema de la mentalidad recorre todo el episodio. Beatriz Blumen explica cómo pensamientos, emociones y cuerpo forman una triada inseparable: «Cada pensamiento genera una química en tu cuerpo. Si no trabajas tu mentalidad, ni la constancia ni la técnica sirven». En la misma línea, todas coinciden en que la constancia y la actitud son más determinantes que el talento.

Helen recuerda que empezó sin audiencia ni red de apoyo, publicando su primera novela sin saber que existía una comunidad literaria en Instagram. Aun así, agradece haber salido al mundo físico —ferias, librerías, firmas— porque le enseñó el valor de mirar al lector a los ojos.

Bea Peidró añade que formarse desde el principio fue su mayor acierto. Tener una mentora que ya había recorrido el camino le ahorró años de ensayo y error: «Te allana el camino, te da claridad y te enseña a crear un embudo de ventas». También subraya la importancia de escucharse, poner límites y aceptar que no se puede con todo.

El grupo coincide en que ser escritora no es un hobby, y que para vivir de ello hay que asumir la responsabilidad de los propios resultados. “«Si no inviertes, no creces», dice Ana. «Y si no haces caja, el negocio muere». El romanticismo está bien, pero las facturas no se pagan con inspiración.

Por último, reivindican la importancia del respeto al tiempo ajeno. Las cuatro coinciden en que muchos escritores buscan atajos —pedir consejos o promoción por mensaje directo— sin entender que cada paso lleva trabajo detrás. «Si quieres resultados, invierte en formación y haz tu parte», concluyen.

En definitiva, este episodio es un recordatorio luminoso de que el camino de la escritura está hecho de aciertos, errores y mucha mentalidad. Porque como dicen en la Tribu: «Lloradita, café, y a seguir escribiendo».