
Una mirada honesta y luminosa al deseo sexual y la menopausia a través de la entrevista con Myriam Ribes, donde hablamos de placer maduro, segundas oportunidades y una sexualidad más libre después de los 50. Y por supuesto de la novela romántica que ha escrito en la que este tema es un pilar: Agua de mar para corazones heridos.
Este episodio del podcast está patrocinado por Nextory. La novela forma parte de la sala 50 sombras de su club de lectura (al que puedes unirte aquí). Si quieres leer gratis en la aplicación durante 30 días puedes usar nuestro código.
Deseo sexual y menopausia: lo que Myriam Ribes nos recuerda con su novela «Agua de mar para corazones heridos» (resumen del episodio)
Hablar de deseo sexual y menopausia suele venir cargado de silencios, prejuicios y más mitos que verdades. Pero en el último episodio de 50 sombras de 50, Myriam Ribes —ginecóloga, sexóloga y autora de la novela Agua de mar para corazones heridos— desmonta, entre risas, experiencia clínica y pura honestidad, la idea de que el deseo femenino tiene fecha de caducidad.
Y lo hace desde un lugar poco habitual en la literatura romántica: la madurez. Esas edades en las que, supuestamente, ya «no toca». En las que la sociedad nos mira como si el cuerpo fuese únicamente un recordatorio de lo que ya pasó. Myriam viene a decir: «No solo toca. Es que lo mejor puede estar por venir».
El deseo no muere: madura
En la conversación, Myriam explica algo que repite a muchas pacientes y que su novela refleja con una elegancia luminosa: los orgasmos a los 60 son mejores. No por biología —a los 20 la maquinaria funciona de maravilla— sino porque a los 60 desaparece la tontería: cae la mirada ajena, cae la autoexigencia, caen las inseguridades heredadas.
Aparece, en cambio, un tipo de placer más consciente, más sereno, más nuestro.
Menos de quedar bien, más de «esto me gusta a mí y punto».
En su historia, Ona y Oriol encarnan justo eso: cuerpos que no necesitan exhibirse, amantes que no corren, dos adultos con cicatrices emocionales que descubren el asombroso poder del tacto, la presencia y la conexión cuando ya pensaban que el amor era un capítulo cerrado.
Menopausia: fin de ciclo, no del deseo
La menopausia atraviesa este episodio como un personaje silencioso: un momento vital que llega sí o sí, pero que no significa que el deseo sexual desaparezca. Myriam lo explica de forma clarísima: «Nos hacen creer que somos invisibles. El problema no es la edad, es que nos lo creemos».
El cuerpo cambia, sí. Pero cambia también la relación con el error, con la culpa, con el pudor. Y ahí se abre un territorio nuevo: una sexualidad más libre, más auténtica y, muchas veces, más placentera.
La novela recoge este viaje con naturalidad: no como un manifiesto, sino como un recordatorio suave de que la sensualidad madura existe, respira, arde y merece representación.
Segundas oportunidades: música en mitad del silencio
Otro eje precioso de la entrevista es el de las segundas oportunidades. Myriam insiste en algo que su libro transmite desde la primera página: «Mientras haya música, hay que seguir bailando».
Las pérdidas, el duelo, las decepciones… todo deja huella. Pero también abren espacio a nuevas versiones de nosotras mismas. La protagonista de Agua de mar para corazones heridos descubre que volver a enamorarse no es un acto adolescente: es un acto de coraje sereno, más cercano a la sabiduría que a la ingenuidad.
Romántica divulgativa: erotismo que acompaña
La novela mezcla trama romántica, erotismo y divulgación. No como un panfleto, sino de forma orgánica: las consultas, las dudas, la educación sexual… todo está al servicio de una historia que te abraza.
El mar: la piel que recuerda
La conversación se vuelve poética cuando Myriam habla del mar como un personaje más. Para ella, el mar es origen, refugio, memoria. En la novela funciona como el recordatorio de que la naturaleza nunca tiene prisa: se mueve a su ritmo, igual que las emociones.
En un mundo que insiste en que «ya es tarde», Agua de mar para corazones heridos dice exactamente lo contrario:
nunca es tarde para el deseo. Nunca es tarde para amarte. Nunca es tarde para estrenarte.


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