Contraindicaciones del verbo escribir: poemario para escritores

Entre los libros que leo, leo poemas.
No aparecen en mis lecturas públicas (esas que publico cada mes en mi cuenta de Instagram) porque raramente leo un poemario completo de principio a fin, como quien se sienta y devora una novela.

La poesía no se lee así. O por lo menos yo no lo hago.

La poesía se degusta. Se prueba en pequeños sorbos, se deja reposar, se regresa a ella como a un café con hielo, frío pero imprescindible.

Desde hace años, entre las páginas de mi agenda siempre hay un verso suelto de Karmelo Iribarren, una estrofa de Ángel González subrayada en la esquina de un cuaderno, una captura de pantalla con las palabras de Sarah Búho o de Patricia Benito, poetas de cabecera, que visito a escondidas, como se visitan las cosas que te hacen sentir vulnerable.

Quizá por eso me costó tanto lanzarme a publicar de nuevo poesía.

Porque la poesía me desnuda más que cualquier otra cosa. Porque ser escritora de novelas es difícil, sí, pero ser poeta es otra liga: la de quienes no pueden ocultarse. En el prólogo del nuevo libro, Contraindicaciones del verbo escribir, confieso algo que no suelo decir en voz alta:

La impostora me asalta mucho más con la poesía que con la novela. La sensación de no estar a la altura es mayor. Porque la poesía no tiene trama, ni personajes que te protejan, ni un narrador al que culpar: eres tú, con tus sílabas desnudas y tus grietas, intentando que alguien al otro lado entienda la música.

Y, sin embargo, aquí estoy.
A punto de lanzar un nuevo libro de poesía.

Acompañada de una voz que es poesía pura, la de Irene G. Punto, que ha sido tan generosa como para escribir la contraportada. Y animarme a lanzar este poemario para escritores.

Porque escribir poemas, para quienes somos escritores, es también recordarnos por qué empezamos a escribir. Para exorcizar, para sangrar un poco, para nombrar lo que no se puede decir en prosa.

Este libro está dedicado precisamente a quienes vivimos en esa cuerda floja.

En mi web publiqué hace un tiempo un artículo (puedes leerlo aquí), en el que defendía que la poesía sigue viva precisamente porque es fácil de compartir, de regalar, de esconder entre las notificaciones del móvil y rescatar cuando lo necesitas. Y sigo pensando lo mismo. La poesía siempre encontrará una grieta por la que colarse en nuestra vida.

Este libro, en cierto modo, es mi grieta.
Y si eres de los que leen novelas pero, en secreto, coleccionan versos en las notas del móvil, espero que encuentres en él un pedazo de ti.

Así que hoy te pregunto:
¿Hace cuánto que no lees poesía?
Entre capítulo y capítulo, entre obligaciones y excusas, entre todas las cosas que eres y todas las que aún no te atreves a ser… ¿no crees que ya toca?

Porque para quienes somos escritores, la poesía no es un género. Es una forma de respirar.