Cerrar capítulos

Lógicamente, soy buena lectora. Digo lógicamente porque es imposible que un escritor no sea buen lector. La escritura nace de beber de la fuente que es la lectura. Cuando lees, necesitas terminar un capítulo para poder comenzar el siguiente. 

La vida se parece mucho a la lectura en muchas cosas. A veces, desearíamos poder pasar las páginas rápido porque la parte en la que estamos es aburrida y queremos llegar a la «chicha» de la historia. ¿Cuántas veces dijiste en tu niñez aquello de «cuando sea mayor, haré…»? 

Cerrar capítulos de nuestra vida también nos permite progresar. A veces, hay que poner el punto y final a amores, a amistades, a relaciones para poder llegar avanzar en la historia. Tampoco es bueno estar todo el rato releyendo capítulos atrasados, reviviendo aquellos días en los que todo era tan maravilloso o esa herida que nos hicieron en el pasado, porque eso tampoco te permite disfrutar de lo actual. 

Perdonar no es fácil. Perdonarte tampoco. Pero aprendes a hacerlo, a liberar la negatividad, los rencores enconados en tu alma y dejarlos ir, como si fueran un racimo de  globos. Uno a uno. Hasta que el viento se los haya llevado todos. De forma que lo único que quede sea la paz. 

Cerrar capítulos.

Son solo dos palabras, pero tan difíciles de conseguir… Vivimos mucho en el pasado. Demasiado. Pero… ¿qué ocurre cuando sabes que el capítulo que estás leyendo es el último de una historia que te encanta? Lo intentas hacer durar todo lo posible porque sabes que, cuando acabe, la historia, esa vida que has disfrutado tanto, se habrá acabado. 

Ese es el caso de Pilar. 

Si llevas un tiempo en este blog, sabrás que —aunque ya no ejerza, desde que el 2017 colgué la bata por los libros— soy médico. Ejercí durante veinte años primero como médico de Familia, luego en Urgencias y, por último, como anestesióloga. Una vida movidita. En ese tiempo trabajé unos meses en Cuidados Paliativos y entendí su vital importancia, nunca mejor dicho. 

Conocí a Pilar G. Cortés en redes. Luego, fue alumna mía y terminamos siendo amigas. El lunes, Pilar fue portada del periódico El Mundo porque está cerrando los últimos capítulos de su vida. Y generosa y valiente, como siempre ha sido, quiere ayudar a hacer llegar a todos la importancia de los Cuidados Paliativos en esta etapa. 

«Y a lo mejor vendo algún libro», me dice, riéndose. 

Yo ya tengo todos los libros de Pilar. Aunque todavía me queda el último por leer, una comedia romántica chick lit muy en su línea, divertida y amena: «Compra un maromo»

Compra un maromo, de Pilar G. Cortés

Porque ese sentido del humor, que es el que la ayuda a seguir leyendo y a escribir las cartas a su hija «para cuando no esté», está presente en todo lo que ha publicado. Está en la última novela que me leí suya: «Valentina, o cómo ser feliz sin magdalenas».

Valentina o cómo ser feliz sin magdalenas

Está en el libro de relatos que escribió con Laila R. Monge, Izaskun Albéniz e Inma Cortés, del que fui lectora cero. O en Dominga, otro relato sobre la amistad entre generaciones.

Vamos a contar mentiras, cuatro relatos acerca del engaño

Incluso en el libro en el que intentaba lidiar con su Volvemort particular: Mamá en apuros contra el cáncer, cuyos beneficios van para la Asociación española contra el cáncer. 

Mamá en apuros contra el cáncer, de Pilar G. Cortés

Este no era el artículo que quería traer hoy al Fogón. Tampoco es el artículo que quiero escribir. Preferiría que los médicos —que no sabemos de Matemáticas— se hubieran equivocado y que Pilar estuviera ahí para leer y escribir muchos capítulos. Pero pensé en que por lo menos podía poner mi granito de arena para que esta labor de cerrar capítulos se le hiciera más dulce recibiendo a nuevos lectores. A personas dispuestas a abrir nuevos capítulos para que ella pueda cerrar los suyos con una sonrisa. 

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