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Trabajar y escribir es posible
Como muchos autores noveles –y otros que no lo son tanto– no vivo de mis libros. Vivo de mi trabajo como médico, que hoy por hoy es un trabajo a jornada completa (Tengo dos medias jornadas en dos hospitales diferentes) más las guardias. Y además, tengo una familia que sabe que existo. Básicamente, porque yo llevo la logística (No me digáis que no suena fashion) de mi casa. Sin embargo, en los últimos dos años he publicado cuatro libros. Uno de ellos, “Leyendas de la Tierra Límite: las Tierras Blancas” es una novela de Fantasía que me llevó un año completo terminar. 
¿Cómo lo hago? 

La clave, aparte de organizar mi tiempo, como ya os dije, es la disciplina. Si quieres ser escritor, la primera persona que debe creerlo eres tú. Es difícil definir lo que es ser escritor (aunque cotizar a Hacienda por ello ayuda). Pero digamos que todo cambió cuando decidí que escribir no era solo lo que más me gustaba en este mundo, sino que iba a ser también mi trabajo, de la misma manera que lo era ejercer la Medicina. Así, cada día tenía que cumplir con ese trabajo me apeteciera o no hacerlo. 
“Las Tierras Blancas” tiene 75000 palabras aproximadamente. Eso hace una novela de 340 páginas. Si me ponía como tarea escribir 500 palabras al día, tardaría 150 días en tener un primer borrador. Es decir, 5 meses. Pon otros cinco para corregir y escribir el segundo borrador. Y un par de meses más para rectificar pequeños fallos. Y voilà.
En esos primeros cinco meses, intenté –no obstante– escribir un poco más (alrededor de 700 palabras al día) porque siempre hay algún día –por enfermedad, por guardia de mierda, por lo que sea– que no vas a poder cumplir y así no te retrasas. 
Ojiplático
Ya te veo la cara. “Ya, guapa” –me dirás–”, pero yo no tengo tiempo”. Pues sí, sí que lo tienes. Cada uno debe buscar de dónde sacar una hora al día. Escribir ese número de palabras no te lleva más. En mi caso, ya sabes, que soy una escritora de mañanas. Me levanto una hora antes para escribir. En esa hora no suena el teléfono. La casa está en silencio. No hay interrupciones. Cierro la puerta al mundo real para meterme en el mío. Pero cada uno lo adapta a su vida. Lo que sí es cierto es que no vale el “yo no tengo tiempo”. Siempre se tiene tiempo para hacer lo que se quiere. Cuando uno quiere, tiene tiempo. Cuando no, lo que tiene son excusas. Piensa qué cosa puedes suprimir que te quite tiempo (los niños no valen) y suprímela. Por ejemplo, la tele. O la compra (¡Qué fácil es hacerla por internet!). Se me ocurren un montón de opciones, pero en fin, que seguro que si te estrujas un poco las meninges sacas esa hora. 
Ya lo sabes 
¡Quiero leer tu novela el año que viene!


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