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El lector
He llegado a la librería un poco antes de la firma para buscar un libro adecuado para un regalo. Saludo a la librera, que me sonríe y sigue a lo suyo y me dirijo a la estantería de juvenil donde sé que encontraré lo que busco. Con el libro en las manos, me pongo en la cola para pagar. A un lado de la librera, a la izquierda, hay un montón de libros que reconozco. Son los ejemplares de “Leyendas de la Tierra Límite”.

Delante de mí, un chico posa la vista en el montón de libros, inclina la cabeza para leer el título en el lomo y alarga la mano hacia el libro, mientras yo, detrás de él, contengo el aliento. Le da la vuelta para leer la sinopsis. Mi mirada se columpia en sus pestañas, en su frente, en su boca, intentando adivinar lo que piensa. La librera me mira y, como no digo nada, dice: 
–Acaba de salir. Una novela de fantasía muy bien escrita.
Muero de amor por ella. El lector levanta la mirada, sorprendido por el comentario, y pregunta: 
–¿De qué va?
La librera sonríe y me señala. 
–Ella se lo ha leído. Que te cuente. 
Los ojos del lector me estudian. Es más joven que yo. Mucho más joven. Sus ojos dicen:”¿Qué sabrá esta de fantasía juvenil?”. Intento sintetizar en tres frases un año de mundo imaginario y no me sale. 
–Pues…
Él esboza una sonrisa irónica. 
–Ya – dice–. Es nuevo. 
–Verás –respondo, cogiendo carrerilla–, hay un mundo en el que existen dos territorios, separados por un escudo, que, en el momento en el que empieza la historia, falla. Y falla porque una de las Sanadoras, la raza que fabrica el escudo, se está muriendo. Su discípula, Aïa, va a buscar ayuda donde su superiora le dice, pero lo que encuentra es a un muchacho que es cocinero y que no tiene ningún conocimiento de escudos, ni de poderes, ni nada que se le parezca. 
Él levanta las cejas. 
–Vaya, sí que te lo sabes. 
–Va a ser que sí: lo escribí yo. 
Ojalá hubiera tenido una cámara para grabar su mirada de asombro. Y la carcajada de la librera. 

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