Me gusta mucho John Boyne. Como escritora y como lectora. Me maravilla un autor que en cada libro maneja un registro diferente. No tiene nada que ver El niño del pijama de rayas con El increíble caso de Barnaby Brocket o con El ladrón de tiempo. Y eso es verdaderamente difícil de conseguir.
En el caso de El secreto de Gaudlin Hall, Boyne nos adentra en una novela de suspense del estilo de principios de siglo XIX (Me recuerda a La piedra lunar de Wilkie Collins). Eliza Caine acaba de quedarse huérfana. Charles Dickens fue el culpable de la muerte de mi padre es la alucinante frase de inicio de la novela. Y, como mujer de la época –gracias a Dios que hemos mejorado algo–, a Eliza solo le quedan dos opciones: casarse o entrar a trabajar de institutriz. Eliza no es lo que se dice muy favorecida, por lo que se decide por la segunda opción. Contesta un anuncio un poco extraño y, con muchas prisas, se ve contratada en una extraña mansión en Norfolk en la que parece que solo viven dos niños. Mientras intenta resolver las dudas iniciales de quiénes son sus patronos y cuáles son sus obligaciones, Eliza se da cuenta de que en la mansión hay más gente de la que parece. Y un extraño olor a canela y castañas que le resulta tremendamente familiar.
Novela de intriga más que de terror, El secreto de Gaudlin Hall mantiene el suspense hasta el final de forma soberbia.
Como buena inglesa, Eliza Caine aplaca los nervios con una taza de té y unas pastas. Hoy os traigo al Fogón unas pastas que harán que el aroma a castañas y canela impregne vuestro hogar como si estuvierais en Gaudlin Hall. La receta la saqué del blog Cocido en la sopa y cada vez que las hago triunfan (casi compensa la lata de pelar las castañas).
Ingredientes:
  • Medio kilo de castañas
  • 125 gr de mantequila sin sal
  • 125 gr de azúcar glass
  • 2 cucharaditas de canela en polvo
  • una pizca de nuez moscada y una pizca de sal
  • 125 gr de harina
Cómo se hacen:
  • Asamos las castañas. Precalentamos el horno a 230ºC. Las disponemos en una milana, con un corte en la parte superior y las dejamos veinte minutos, removiéndolas de vez en cuando. Cuando estén tibias, las pelamos y las trituramos con la picadora.
  • Mezclamos 100 gr de castañas asadas (el resto se puede congelar) con la mantequilla, 35 gr de azúcar glass, 1 cucahradita de canela, la nuez moscada, la sal y la harina. Amasamos. La envolvemos en film transparente y la dejamos en la nevera 1 hora.
  • Formamos bolitas del tamaño de una nuez y las ponemos en la milana, que habremos forrado con papel de horno. Mientras hacemos las bolitas, dejamos el horno precalentándose a 180ºC.
  • Las horneamos 20 minutos (hasta que se doren), las pasamos por azúcar glass y canela y las dejamos enfriar.
El secreto de Gaudlin Hall puede conseguirse aquí. El precio en ebook es desproporcionado desde mi punto de vista, así que mejor os lo compráis en papel.
Es un libro de cuatro tenedores.

 

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