La música es un mundo en sí mismo, es un lenguaje que todos entendemos. Es una frase de Stevie Wonder. Y tenía razón al decirlo. 
La música y la literatura están basadas en los mismos principios (o al menos eso debieron pensar los académicos que han concedido el premio Nobel de Literatura a Bob Dylan). Cuando tocamos una pieza musical, la melodía es armónica si todas las notas encajan. Cuando escribimos, la armonía la traen las palabras. 
Por eso, cuando hay fallos en el estilo de una novela, al leerla al lector le suena como si fuera una nota desafinada. 
Nuestra tercera entrega de los peores errores de las novelas de Fantasía, se va a centrar en los fallos de estilo. 

Soy un tipo complicado
Uno de los mayores errores que cometen los escritores que empiezan es el de rebuscar las palabras para hacer alarde de conocimiento de la lengua.  Así nos encomtramos con cosas como “el crepúsculo feneció en la lontananza”. 
Eso no es literatura. Eso es rebuscar el rizo. Cuanto más sencillo sea el lenguaje que utilices, más llegarás a tu lector. Cuidado, que escribir con sencillez no es fácil. Tendemos a sobrecargar de explicaciones todo. 
Conviene recordar de vez en cuando que escribes para que te lean. 
Estoy en el candelabro
Las expresiones hechas y las coletillas deben ser expurgadas de nuestros textos. Y sí, reconozco que yo estoy en ello. Las frases clichés son clichés por algo. Porque han sido usadas hasta la saciedad (la cruda realidad, blanca como la leche, más pálido que un muerto…)
Pero lo peor es cuando nos liamos con expresiones hechas y mezclamos dos de ellas, como el famoso “estar en el candelabro” de Sofía Mazagatos. 

¡¡¡¡¡¡¡HAS VISTO ESTO!!!!!!
Abusar de los signos de exclamación, de las mayúsculas, de las cursivas o de las negritas para enfatizar cansa al lector. Los signos de exclamación cuando no vienen al caso, da la sensación de que el escritor es tonto. De verdad. O que ha escrito de prisa y no has corregido. 
La cursiva, las mayúsculas en toda la palabra y la negrita deben usarse muy poco, MUY POCO FRECUENTEMENTE o nunca.

De la misma manera, que términos muy Importantes como Amor, Patria u Honor no deben ir en Mayúsculas al iniciar la palabra. 

La lista de la compra
Las descripciones son necesarias, pero en vez de fijarse en los detalles que hacen peculiar un ambiente,  muchos escritores se limitan a describir los objetos que lo componen: “Había una mesa de madera sobre la que estaba el ordenador, un montón de post-its, bolígrafos y libretas. Al lado, estaba el armario y la cama”. Soso, ¿verdad? 
Fíjate en esta descripción de una mesa de la novela Róndola de Sofía Rhei: 
Había roscas de patata gratinadas, oliebols de avena hervidos y rellenos de paté, toros de pan de masa ácida rellenos de crema de remolacha, aritos de aceituna en gelatina, una torre de panes trenzados, una enorme roscón decorado con donas de fruta escarchada y, en general, gran variedad de báguels, beigels, beigols, donas, crosquillas y currusquillas en todos los colores y sabores imaginables. 

Es una enumeración de elementos, como el caso anterior, pero ¿verdad que —a pesar de que no sepas que es la mitad de las cosas— te quedas con sensación de hambre? 
Dentro de la lista de la compra, también hay que mencionar un fallo garrafal que es describir cosas que no se deben describir o que son redundantes. “La habitación tenía techo, paredes y una puerta”, por ejemplo. 
Te repites más que el ajo
A veces, por temor a que al lector no le quede claro lo que pretende, el escritor se repite cada cierto tiempo. Y vuelve a explicar por qué e l protagonista está haciendo lo que está haciendo. Los lectores no son tontos. Y las pillan a la primera. 
No vuelvas a decirlo de forma diferente. No lo metas además en un diálogo para confirmarlo. No te repitas. NO TE REPITAS. 
Cielos, me repito. 
Si te han quedado ganas de leer las otras entregas de esta serie, aquí las tienes: 

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