escribir fantasía juvenil

Hace muy poco, uno de los suscriptores de mi canal de Youtube me preguntó que por qué escribía fantasía juvenil, si era porque no me veía capaz de escribir fantasía para adultos. Traté de no bufarle demasiado alto al responder.

La gente tiene la impresión de que escribir fantasía juvenil es más sencillo que escribir adulta. Y están completamente equivocados. Escribir fantasía juvenil no es entrenarse para escribir fantasía adulta. De hecho, no tiene nada que ver. Es como formarse para ser repostero o para ser sommelier. Los dos tienen que ver con la comida, pero la formación es distinta. El paladar que lo degusta, también.

Lo que distingue la fantasía juvenil del resto de los géneros tiene poco que ver, en mi opinión, con la edad del personaje principal. De hecho, eso es una nimiedad comparado con el resto. Una novela de fantasía juvenil se caracteriza por una trama de ritmo rápido, personajes dinámicos y un/una protagonista que está descubriendo su lugar en el mundo. Y sí, es más probable que tu lugar en el mundo lo descubras a los veinte que a los sesenta. Ese lugar en el mundo puede ser tan simple como el primer amor (¿quién dijo que el amor es simple?) o tan complejo como salvar el universo.

Así que —como soy muy amiga de explicarme largamente— en este post te vengo a contar

 

4 razones para escribir fantasía juvenil

 

Tu audiencia es más grande de lo que crees. 

Ya te conté la historia de aquella noche en la que leí “La historia interminable”. Las páginas del libro de Michael Ende me ataron de por vida a la fantasía juvenil. Ahora, cuando escribo, escribo para esa chica que solía ser. La que vivía en Idhún o en Narnia. Tímida, seria, demasiado alta para su gusto y eternamente parapetada detrás de las gafas de culo de botella y de un libro. Esa chica solo quería olvidarse por un ratito del mundo real. Leía para perderse en un mundo nuevo, en el que pudiera ser la heroína. Encontró libros con protagonistas como ella y se enamoró de un chico llamado Jack que se transformaba en dragón. Cuando no estaba leyendo, escribía. Para escapar, para perderse y luego, muy tímidamente, para compartir la historia y encontrar gente como ella.

Ahora, que tengo taitantos, sigo leyendo fantasía juvenil. La fantasía juvenil no es para mí un nivel de lectura —fantasía para que la lean solo adolescentes— . La mitad de los lectores que leen juvenil tienen más de 18 años y una gran parte más de 30.Cuando escribes fantasía juvenil, estás escribiendo a una audiencia amplia y diversa. Los adultos compran y leen juvenil, aunque no te lo creas

Por supuesto, es importante escribir con los lectores adolescentes en mente ya que son la parte más significativa de tu audiencia. Sin embargo, por mucho marketing al que me dedique, cuando escribo no lo hago para encontrar una audiencia más grande. Mi objetivo real es escribir esa historia que haga suspirar a esa niña que fui y tal vez a otras adolescentes solitarias. Quiero una devoradora de páginas para mis libros. Alguien como María, por ejemplo.

 

Te da la oportunidad de cambiar el mundo. 

La fantasía juvenil empieza a leerse en los años de adolescencia, esos terribles años que son un punto de inflexión para todos nosotros, en que abordamos por primera vez los problemas de los adultos: las relaciones de pareja, el tener que buscarse la vida, las relaciones cambiantes con nuestros padres, el cambio de autoridad y de roles en todo. La adolescencia se llena de nuevos límites y nuevas oportunidades y somos nosotros quienes debemos elegir cuáles pretendemos que nos definan.

Es una etapa vulnerable, emocionante y embriagadora en la vida de cualquier persona.

Las experiencias que tenemos en nuestra adolescencia son como ladrillos de nuestra casita de adulto. Así que, cuando escribes algo que van a leer los adolescentes, tienes la oportunidad —y la inmensa responsabilidad— de poder cambiar sus valores. Gracias a los protagonistas de novelas como “Descubriendo a Simon Snow” o “Títeres de la magia” la percepción del personaje LGTB se normaliza dentro de la literatura. Mis hijos no ven raro que dos chicos o dos chicas sean la pareja principal gracias a un cambio de mentalidad que tiene mucho que ver con lo que leemos.

Honestamente, yo todavía arrastro muchas lacras de una educación mucho más rígida que la que intento darles. Y constantemente me cuestiono todo esto cuando escribo. ¿Lo que estoy haciendo puede dañar a alguien? ¿Puedo poner mi granito de arena para que haya algo diferente? ¿Debo darme por vencida?

 

Te permite innovar.

Al hilo de lo anterior, la fantasía juvenil es un género valiente. Novelas en segunda persona —“Los nombres del fuego”, de Fernando J. López—, con personajes rompedores —“La canción secreta del mundo”, de José Antonio Cotrina—, narradores poco fiables, mezclas de géneros, mezclas de estilos…experimentar es una de las razones por las que me apasiona la fantasía juvenil. Ninguna historia tiene límites más allá de tu imaginación. Como los adolescentes, los escritores de fantasía juvenil no tenemos miedo a experimentar. También, como los adolescentes, de vez en cuando nos damos el morrón. Qué se le va a hacer.

Explorar temas difíciles es uno de los puntos más divertidos de escribir fantasía juvenil. Junto con las nuevas responsabilidades y la vitalidad que caracteriza a la adolescencia vienen también los problemas —cosas que nos gustaría que no existieran pero que desgraciadamente existen y no deben esconderse bajo la alfombra: la intimidación, el abuso, las enfermedades, la adicción, las relaciones rotas, la pérdida de seres queridos, la discriminación, los fracasos personales…

A veces, crecer se convierte en una verdad amarga. Y el adulto en construcción tiene que lidiar con ello de la misma manera que tenemos que hacerlo los escritores de fantasía juvenil.

 

Y sobre todo, ¿por qué no hacerlo?

No tengo todas las respuestas. Creo que —a pesar de mis taitantos— aún estoy intentando encontrar mi lugar en el mundo. Tal vez por eso sigo escribiendo fantasía juvenil. Pero es que además no hay razón para no hacerlo. Los adolescentes son igual de complejos que los adultos y sus historias no son más sencillas o menos dignas de ser leídas.

Leo y escribo fantasía juvenil para recordar esa etapa de mi vida, para poder mantener la ilusión de aquellos años, por diversión, por empatizar con mis hijos («Te cambio la madre» les dicen sus amigos), por vicio, porque me encanta la sensación de tener un libro en mi cabeza. Escribir fantasía juvenil es, para mí, como tener hambre o sed o respirar. Algo que necesito.

Escribo fantasía juvenil porque aún creo en la magia.

 

¿Y tú? ¿Cuáles son tus motivos? 

 

 

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