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Memento Mori, de César Pérez Gellida
Esta reseña de Memento Mori, de César Pérez Gellida, no es como las demás. En una reseña, una habla del género, del argumento, de los personajes… pero yo no voy a hablar de todo eso. No voy a disertar sobre el género, porque Memento Mori, a pesar de ser negra como la noche, huele “a matinal de Domingo, a hierba recién cortada, a vainilla y tierra húmeda”, como huele Valladolid en los días de primavera.

No voy a hablar del argumento, de esos asesinatos porque, después de todo, “los pocos que a estas alturas de la mañana no se habían enterado del caso mojaban la noticia en el primer café aprovechando la barra libre de hipótesis recién horneadas, dulces conjeturas crujientes y elucubraciones recubiertas de mermelada”, aunque cuando leí esta frase me dieron ganas de aplaudir por el manejo magistral del lenguaje. 
Ni tampoco de los personajes: un trío de ases. Ramiro Sancho, tan español. Armando Lopategui, tan escurridizo como una anguila. Augusto Ledesma, tan psicópata el jodido. 
Porque Memento Mori es especial. Pero no por su argumento, ni por sus personajes, que también. Es especial porque es una novela en la que el entorno –mi amado Valladolid– es un personaje más, que se adorna con referencias a la pintura, a la poesía, al cine y a la literatura, pero sobre todo, a la gastronomía. Entre otros muchos:
  • El Zero Café, de la Calle San Blas, “el único sitio donde ponían buena música en todo Valladolid” y donde el Gin Tonic de Hendrick’s se prepara como le gusta a Augusto: “Copa de balón, hasta arriba de hielo, poco cargada, sin fruta dentro ni limón exprimido. La tónica, vertida despacio y sin remover los hielos”. 

Zero Café
  • El Lagar de Venancio, en la calle Traductores, un restaurante donde comer almejas, pulpo y carne roja, y bañarlo con sidra natural. 
El lagar de Venancio
  • El Café Molinero, en la calle María de Molina, que me vio desayunar los domingos –legañosa y desmejorada– muchas veces. 
Café Molinero

  • El Vino Tinto, de la calle Campanas, mi restaurante favorito de la ciudad. No podía faltar. 

El vino tinto
  • O la Parrilla de San Lorenzo,  con ese aire de perderte en la época medieval que tiene. 

La parrilla de San Lorenzo
La novela deja un regusto a carne y a verduras a la parrilla, a gin tonics bien servidos (por supuesto, de Hendrick’s) y a vino. Los personajes, como buenos hijos de la Ribera del Duero, no se emborrachan con cubatas. Lo hacen con Pesquera, Matarromera, Dehesa de los Canónigos, Arzuaga, Finca Resalso o con el inigualable Malleolus. 
En resumen, las novelas de Pérez Gellida son para leer y releer, para descubrir mil y un detalles aparte (como sus cameos, que me encantan), para masticar y para perderse en ellas. Gracias, César. 
Memento Mori puede ser adquirida aquí.
Estos son el blog y la cuenta de twitter de su autor. 
Memento Mori es un libro de cinco tenedores.
Cinco tenedores

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