El terror en las novelas de Fantasía

Jaume Vincent es el autor de Excentrya, un blog de esos que no puedes perderte si quieres ser escritor. Además, Jaume es compañero mío en la Escuela de Formación de escritores. Tiene tres talleres a su cargo: Introducción al terror, Novela negra y Misterio. Y es además un adicto confeso de la lectura de Fantasía. Por todo eso, le pedí que escribiera sobre cómo introducir el terror en las novelas de Fantasía, algo en lo que –lo reconozco– tengo mucho que aprender puesto que es uno de los géneros que apenas leo. ¡Y me dijo que sí! Así que, a partir de ahora, habla él. 

«Lo primero que
quiero es agradecer a Ana que me deje un hueco en su blog, comparado con ella y
no soy más que un soldado raso (ella es la emperatriz, aquí). Cuando me pidió
que escribiera sobre cómo introducir ambientes de terror en novelas de fantasía
me pareció una idea maravillosa, bullía en ganas de ponerme a ello. Me encanta
escribir terror y crecí leyendo fantasía, por eso sé que son dos géneros que se
complementan a la perfección.

La fantasía del terror

El terror y la
fantasía son primos hermanos, a mí me resultaría complicado entender al uno sin
el otro, y si no me crees piensa en Bilbo, perdido en mitad del Bosque Oscuro,
rodeado de arañas que están ansiosas por hincarle el diente; o en Frodo y los
hobbits, deambulando por el Bosque Viejo, enfrentados a la magia maligna del
Tornasauce o los tumularios que casi acaban con ellos antes de comenzar su
viaje…
El terror y la
fantasía van unidos, siempre han ido unidos, desde las historias que se
contaban los primeros hombres, sentados alrededor de las hogueras, en medio de
la noche. El miedo y la fantasía se unían y provocaban en ellos sensaciones
que, hoy en día, son difíciles de imaginar. El Ragnarok, Helheim, el Gehena, el
Hades y todos los infiernos que llegaron antes y que la humanidad ya no
recuerda, son fruto del amor entre la fantasía y el terror.
Aunque parezca que
son géneros distintos, el terror y la fantasía son, en realidad, mucho más
parecidos de lo que pensamos.

Un escenario terrorífico

Pero vamos a lo que
vamos, ¿cómo introducimos elementos de terror en un relato de fantasía? Una
pregunta complicada, ¿verdad?
Para introducir un
ambiente de terror lo primero que debes hacer es identificar qué es para ti un
ambiente terrorífico. El terror tiene su propia psicología, todo el mundo tiene
miedo a algo (absolutamente todos). Todos tenemos un miedo secreto —o no tan
secreto—, todos hemos sentido alguna vez esa sensación de mareo, con las
pupilas dilatadas y el vello totalmente erizado. Todos sabemos cómo es y qué se
siente. Eso es lo que hace del miedo algo tan especial, todos lo hemos
experimentado y, de alguna manera, a todos nos gusta.
Cuando escribí mi
relato de fantasía Lo que se esconde en
la niebla
, tenía muy claro dos cosas: una era que no iba a cerrar el final
y la otra era que no iba a ser un relato de fantasía al uso, iba a darle mi
toque personal y ése es el terror. ¿Cómo lo hice? Muy sencillo, creando un
ambiente asfixiante; un guerrero perseguido por una partida de trasgos, un
pantano del que nadie ha salido con vida, cubierto permanentemente por una
niebla roja como la sangre, una niebla ácida y peligrosa, un lugar atrapado en
el tiempo del que nadie sabe nada, por el que se arrastran cosas que el lector
no es capaz de distinguir entre los vahos pestilentes.
Luego, a medida que
avanzaba la narración y nuestro protagonista se adentraba más y más en aquel
lugar infecto, introduje pequeños detalles: mosquitos del tamaño de un puño,
esa molesta sensación de sentirse observado, ruidos extraños entre la niebla,
el sonido de cosas que se arrastran por el agua y, al final, una desagradable
sorpresa.
Insertar esos
ambientes es mucho más sencillo de lo que crees. Yo usé motivos de fantasía
para crear un ambiente de terror: un pantano, una niebla tóxica, criaturas que
se esconden tras ella, un misterio (¿Qué hay dentro de ese lugar?).

En la oscuridad

Crear un ambiente
de terror es muy sencillo, sólo tienes que pensar en los lugares que te dan
miedo, sólo tienes que darle la vuelta a la moneda.
Imagina tu
habitación, es un lugar cómodo, seguro, duermes en él, te acuestas con tu
esposa, con tu novia, con tu marido, es —seguramente— la habitación más íntima
y personal de tu casa. Bien, vamos a girar esa moneda. Imagina que llegas a
casa tarde, estás en la calle llegando a tu portal, levantas la cabeza y ves tu
ventana a oscuras, de repente una sombra cruza en la oscuridad allí arriba,
¿entrarías en tu habitación?
¿Te parece poco?
Bien, eres valiente, eso lo respeto. Imagina que estás acostada durmiendo, de
repente te despiertas, sientes la espalda de tu pareja apoyada contra la tuya,
te sientes segura, calentita y cómoda. Te acurrucas contra el bulto de tu
pareja, entonces se abre la puerta del baño y ves salir de allí a tu marido.
¿He captado ya tu
atención? Perfecto, sigamos, descendamos un escalón más. ¿Crees que con tu casa
es muy fácil? Vale, imagina una playa. Por el día es maravillosa, arena, sol,
el sonido de las olas chocando contra la orilla, la brisa, la paz, las risas de
los bañistas. Ahora le damos la vuelta a la moneda. Cae la noche, el agua rompe
con fuerza contra las rocas, es de un color negro profundo, en el cielo no hay
estrellas y sabes que hay algo debajo de las olas que te observa porque puedes
ver sus ojos amarillos en la oscuridad.
Yo no he vuelto a
sentirme bien en una playa desde que leí Dagón
de Lovecraft, siempre tengo la sensación de que, al caer la noche, saldrán de
entre las olas los hombres pez para perseguirme.
Introducir
elementos de terror en un relato de fantasía es muy sencillo, el hombre lo
lleva haciendo desde el albor de los tiempos. Realmente, ni siquiera tienen que
ser elementos terroríficos, piensa en el Gehenna, el infierno de los judíos, en
él no hay fuego, no hay castigo, no hay demonios; simplemente, es un lugar gris
y vacío donde las almas vagan eternamente… ¿Y no te parece un lugar
escalofriante?

Lucha con sus armas

Lo mejor de
utilizar el terror en la fantasía es la libertad de movimientos que te permite,
puedes usar los elementos del género: razas, magia, lenguas, mitologías… Y
usarlos en contra del lector. Lánzaselos a la cara.
Puedes retorcer los
paisajes, volverlos en contra de tus protagonistas, moldearlos para que
reflejen sus miedos, sus debilidades y atacarles donde más les duele. Utilizar
el terror es muy sencillo, porque todos hemos estado asustados alguna vez,
todos sentimos miedo y cada uno conoce bien cuáles son sus miedos.
Yo, si quisiera
asustar a mi novia (que es una persona que conozco de maravilla), haría que mis
héroes cayeran víctimas de un enjambre de cucarachas gigantes, insectos con una
inteligencia primaria, que atrapan a nuestros protagonistas y los arrastran
hasta su húmeda madriguera, allí los dejarían tirados, con todas esas
cucarachas corriéndole por encima de sus caras y sus manos, entre el sonido
crujiente de sus caparazones y el roce suave de sus antenas sobre su piel… Ella
odia las cucarachas y sé que no soportaría una escena así.
George R. R. Martin
es muy bueno introduciendo estos elementos, la primera escena, Juego de Tronos ya contiene una escena
que te debería poner los pelos de punta, con el caminante blanco y los
espectros. Aunque, si hay un escritor que conjuga estos géneros como ninguno es
Stephen King, en su serie de novelas La
Torre Oscura
, King utiliza los elementos propios de la literatura de terror
para crear un mundo de fantasía único, tierras yermas y devastadas, personajes
oscuros y poderosos, ciudades muertas, minas llenas de mutantes…
El terror es un
complemento ideal para la fantasía, aprovéchate de tus miedos y muéstralos, haz
que tu protagonista atraviese viejos cementerios, minas llenas de espectros,
campos de batalla poblados de muertos vivientes, bosques habitados por brujas
retorcidas y crueles, poderosos nigromantes que utilizan magia de oscura…

Recuerda que las
posibilidades son infinitas, 
porque el miedo es infinito. 
Siempre habrá miedo y,
lo mejor de todo, 
siempre habrá nuevos miedos.»

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