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En una cena de escritores en la Feria del Libro de Madrid, un escritor muy conocido nos preguntó a varios de los presentes si todos eramos blogueros. La gran mayoría respondió que no, que eran escritores, que el blog era una herramienta más para llegar a los lectores, pero que no se consideraban blogueros.

Excepto yo.

Yo sí que me considero bloguera. Mis blogs (he escrito varios) me han abierto puertas que ninguna otra cosa podría haberme abierto y siempre he disfrutado escribiéndolos y respondiendo a los comentarios, así que sí, soy bloguera y a mucha honra. Por eso, el hecho de estar desmotivada con el blog me cogió un poco de sorpresa.

Cuando eliges un tema que te interesa mucho, como la fantasía juvenil en El Fogón o el marketing para escritores, en MOLPE y, además, has pensado un calendario editorial que cumplir a lo largo del mes, es muy raro que te sientas bloqueado. O que el escribir tus posts no te apetezca.

Pero llevo un tiempo, desde marzo más o menos, muy desmotivada con El Fogón. Al principio, pensé que era cansancio. En marzo, aún estaba trabajando como médico a media jornada y mis horarios eran demenciales para poder llevar todo a cabo. Así que decidí disminuir el ritmo de publicaciones y de newsletters. Fue peor. Porque, al disminuir el ritmo, perdí la rutina de escribir para El Fogón.

Coincidió todo esto con la salida del manual de “Cómo escribir fantasía”. Una persona, a la que he respondido muchas dudas en redes sociales, puso en Amazon una crítica del manual diciendo que la compra no merecía la pena porque, si seguías el blog y el canal, muchas de las cosas ya las había mencionado aquí. Que el contenido del manual era superfluo. Fue la gota que colmó el vaso de la desmotivación. Y sé que no hay que hacer caso a las críticas como esta, porque es una crítica egoísta: esa persona ha aprovechado mucho contenido gratuito de mi blog, le he contestado dudas en redes de forma gratuita y, como agradecimiento, me deja un comentario negativo de algo que le ha costado solo 4 euros porque repito parte de ese contenido gratuito. Pero ya sabes, querido lector, que tienen mucho más impacto las críticas negativas que las positivas. Te lo conté en el podcast . 

Empecé a pensar en si realmente merecía la pena que me esforzara semana a semana por hacer contenido original cuando te lo agradecían así.

Cuando alguno de mis alumnos ha pasado por una fase similar, siempre les digo que hagan algo diferente, que cambien el modelo de su blog. Así que decidí aplicarme el cuento: pasé una encuesta a mis suscriptores preguntándoles qué temas eran los que les interesaban del blog y cuáles querían que potenciara. Tres temáticas fueron las indiscutibles ganadoras:

  • Escribir fantasía juvenil
  • Entrevistas con autores de fantasía juvenil
  • Que les contara mi vida.

La primera temática la he incorporado al canal de youtube y, si “Cómo escribir fantasía”  gusta a la gente, puede que amplíe los contenidos en un nuevo libro o en un curso, pero creo que las bases, como decía mi querido crítico, ya están en el blog y en el canal, aunque, por supuesto, mucho más pulidas y con ejercicios en el manual.

La segunda, es parte importante del podcast de “El escritor emprendedor”. Una vez cada cuatro semanas tengo una entrevista con un escritor emprendedor. Suelo elegir autores que tengan algo que aportar a la audiencia, a mis escritores emprendedores: una habilidad que les ayude o algo que los diferencie del resto. Así que, aunque no todos sean escritores de fantasía juvenil, pienso que las entrevistas pueden ser interesantes para cualquiera que escriba.

Solo me quedaba la tercera. ¿En serio a alguien le interesa mi vida? La verdad es que posts como “No debería contaros esto…” o “¿Es que todo el mundo es escritor?” tienen siempre mucho éxito, aunque el SEO los ignore ampliamente.

Empecé a construir El Fogón, en septiembre de 2014, con una idea diferente en la cabeza. Pretendía unir en un blog mis dos grandes pasiones: la cocina y la literatura. Porque, como digo en el primer post: “la cocina y la literatura siempre han ido de la mano. Después de todo, lo que atrapa de ambos mundos es lo fugaz del placer que se paladea para luego hacerse infinito en nuestra memoria”. En ese primer post, están las categorías de entonces. Posteriormente, me di cuenta de que tenía que especializarlo más, si quería que los lectores llegaran a mis libros de fantasía juvenil y reorganicé el contenido orientándolo hacia esa temática.

He trabajado en él durante tres años, he sufrido la migración a WordPress (de la que aún quedan secuelas en posts desconfigurados que no he tenido tiempo de arreglar) y estoy en ese punto al que llegan muchos blogueros: el del plantearme el cierre. Este es un problema al que se enfrentan muchos blogs de escritor. Estoy segura de que si tienes un blog de un cierto tiempo, has llegado a ese punto en algún instante.

Una de las ventajas que tengo (y que a lo mejor no tienes tú) es tener un grupo mastermind de escritores. Un grupo mastermind es un grupo pequeño, de unos 6-8 escritores que estén en un punto similar de sus carreras literarias y que, no solo sirvan de apoyo y estímulo unos a otros, sino que se pongan objetivos juntos y sirvan de críticos al resto. Planteé mi problema al grupo. ¿Qué haríais vosotros? Me contestaron que yo misma les había dado una serie de consejos cuando ellos estuvieron en el mismo punto. Que me aplicara el cuento. No hay nada como tener amigos que te digan las verdades.

¿Qué consejos eran esos que les había dado? 

Consejo nº 1: tú eres el primero que tiene que disfrutar con tu blog. 

En Marketing online para escritores incido mucho en la importancia del lector objetivo. En que el blog tiene que escribirse pensando en tu lector. Pero también tienes que pensar en lo que a ti te interesa. Lo que hace el blog personal e incomparable es tu propia voz. Tu personalidad se refleja en tus contenidos y, si algo te apasiona, eso se trasluce en cada párrafo. Creo que gran parte del éxito de MOLPE es ese: que a mí realmente me encanta el marketing para escritores (sí, soy así de rara, qué le vamos a hacer).

El hecho es que cada día se publican nuevos blogs y cada día mueren nuevos blogs. A nadie le importa. Si a ti no te importa, ¿por qué les debería importar a los demás? En otras palabras, me había olvidado de mí misma al escribir para El Fogón.

Consejo nº 2: si algo no funciona, cámbialo. 

Otro de mis máximas en MOLPE es que revises una vez al mes el Google Analytics. Es algo que hago religiosamente el día 30 de cada mes, junto con la facturación mensual. Por eso odio tanto los días 30. Son un tostonazo completo.

El problema es que El Fogón sí que funciona a nivel analítico. Cada vez tiene más visitas. Los suscriptores aumentan a pesar de que solo envío una newsletter mensual. Las redes funcionan trayendo tráfico al blog.

Pero no funciona a nivel emocional. Hay algo ahora en el blog que no me llena. Y eso es algo que no aparece en ninguna analítica. E importa. Mucho. Siempre hay un motivo detrás de cada blog. Mi motivo detrás del Fogón era contar cómo iba solucionando el camino para ser escritora profesional. Y, en algún punto del recorrido, perdí el norte. Dejé de pensar en cuál era el motor que me había puesto en marcha y directamente, puse el piloto automático.

Pero el piloto automático es una máquina. Y sí, posts como el de “16 películas que disfrutarás siendo escritor” me van a traer visitas. Y de hecho, las trae, pero yo quiero que mi lector —quiero que tú, que estás leyendo estas líneas— se quede porque le intereso yo como escritora, que se quede porque le gusta como escribo.

Un blog de escritor tiene mucho de espacio personal. Y eso, a pesar del marketing y del SEO, no hay que perderlo nunca. Los primeros comentarios que recibí en el antiguo blog de “La doctora Jomeini” me motivaron a escribir mi primera novela. Un blog de escritor siempre tiene que tener implícito el “esta es mi historia”. Puede que sea diferente de la tuya, pero si estás aquí es porque seguro que compartimos algo, una pasión común.

Así que tenía que cambiar eso.

Consejo nº 3: ten objetivos con tu blog. 

Hace unos días, oí a Inge Saez, una especialista en linkedin, una metáfora que creo que es la mejor forma de explicar qué es un blog y para qué sirve. Te la cuento.

Si alguien te pide que dibujes un árbol, probablemente hagas algo así:

Si se te da el dibujo, puede que hagas algo más fino y artístico, pero en resumen algo así. Nadie dibuja nunca las raíces. Pero las raíces, lo que dio de comer a ese árbol es lo que lo mantiene en su sitio, lo que ha permitido que el tronco sea ancho, que sus ramas sean verdes y que dé frutos. Nunca hay que olvidar las raíces.

El Fogón no fue ideado al principio como un blog especializado en fantasía juvenil. Porque yo no escribo solo fantasía juvenil. Ni leo solo fantasía juvenil. Fue ideado como un sitio en el que compartir mis pasiones. Algunas de ellas —el marketing online, por ejemplo—, fueron extirpadas del tronco principal porque lo ahogaban. Y sí, seguiré escribiendo sobre fantasía juvenil, porque es uno de mis géneros literarios. Seguiré publicando vídeos sobre técnicas de escritura y actualizando algún que otro post sobre esa temática, porque cuando descubro cosas nuevas o formas diferentes de hacer las cosas lo primero que pienso es en compartirlo. Y puede que a alguien le sobre que luego pida 4 euros por ese trabajo, pero no voy a dejar que me lo fastidien.

En otras palabras, cuando diseñé mi plan de objetivos para El Fogón, olvidé pintar las raíces del árbol.

El Fogón era y es mi blog más personal. Por eso, mis lectores me pedían que les contara mi vida.

En resumen, que he decidido que solo voy a publicar una vez al mes en el Fogón. Pero cuando lo haga, lo haré, como en este caso, con un post personal. Algo que, a lo mejor, pueda ayudar a alguien en mi misma situación. Pero que tenga mucho de mí, de esas raíces que había olvidado. De ese algo distinto que necesito para sentirme plena de nuevo.

 

 

 

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